
Con el barril de petróleo durante varios meses oscilando entre los u$s80 y los u$s100, con picos incluso superiores, sostener el precio de los combustibles sin grandes saltos está siendo un desafío para las empresas distribuidoras. En los últimos días, los relevamientos arrojan un incremento en naftas y el gasoil, cuyo valor final en surtidor aún está amortiguado porque el Gobierno viene prorrogando desde hace meses un aumento del impuesto que le agregaría más de $200 por litro de costo al bolsillos del consumidor.
El precio de la nafta súper en Ciudad de Buenos Aires se ubica entre los $2.200 y $2.350 según la compañía. En el caso de las premium ya está está por los $2.651. Pero ya hacia el resto del país, donde normalmente los valores suelen ser más altos, hay provincias donde las de más alta calidad superan los $2.700. En general, el mayor costo en surtidor de los últimos días es de hasta un 5%.
Consultado al respecto, el titular de YPF, Horacio Marín, ratificó el "buffer" de precios desplegado por la compañía para morigerar el impacto del precio del petróleo sobre los precios al consumidor final. "Cuando sube los ayudamos, cuando baja nos ayudan a nosotros", explica el presidente de la que es la compañía con mayor share de mercado del país.
La estrategia de YPF implica que cuando el costo del barril supera cierto nivel máximo la compañía mantiene el precio y absorbe el impacto para no trasladarlo el precio del litro. Pero cuando baja también sostiene, con lo que recupera parte de los perdido antes. Sin embargo, la situación de costos internacionales altos, debido a que se prolongó más de lo esperado el conflicto en Medio Oriente, complicó el plan.
El acuerdo entre petroleras y refinadoras contemplaba una estabilidad en los precios de los combustibles mientras el barril de petróleo continuara por encima de los u$s80 a cambio de que luego se mantendría el precio hasta equiparar los flujos.
Por su parte, el Gobierno hizo su parte en los últimos meses para evitar mayores aumentos en los precios de naftas y gasoil, con el objetivo de que no sumen más presión a la inflación, su principal argumento para defender la gestión de Javier Milei. Tras una nueva prórroga del impuesto a los combustibles el valor del litro quedó unos $233 por debajo de lo que hubiese aumentado sin esa medida. Serían algo más de 11% que debería trasladarse al bolsillo del consumidor.
Fuente: Ámbito

